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Angela Maxwell: de cervecera a dar la vuelta al mundo a pie (Parte 1)

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Aquella madrugada antes de salir el sol, Angela estaba lista para dejarlo todo atrás, incluida su cervecería Crux Brewery, en Oregon, Estados Unidos. Con tan solo algunas pertenencias y el sueño de viajar por cuatro continentes a pie, la hoy conferencista se embarcó en la aventura de su vida.

Por Fernanda Bermúdez. Parte 1.

Angela dejó todo para caminar por cuatro continentes, hoy es conferencista y coach

 Identidad Cervecera.- No todos los días se elige dejar la zona de confort para aventurarse hacia lo desconocido ¿cómo y por qué lo decidiste?

Angela Maxwell.- Definitivamente sé que todo comenzó como una idea loca, ¡dejar todo para caminar por el mundo! Pero fue esa sensación de auto búsqueda, de ir más allá de lo convencional o “el deber ser”, tomar mi vida en mis manos, ser más arriesgada y retarme a mí misma, y Fer, ¿sabes? Algunas personas toman su bicicleta y comienzan su aventura pero para caminar, ¡no necesitas ninguna habilidad especial! (ríe).

IC.- Tal vez podemos caminar pero, ¿ser valientes y recomenzar? Seguro se necesita más que un empujón.

A.M.- A decir verdad, pienso que todos podemos tener o generar la habilidad de elegir ser valientes si contamos con las herramientas adecuadas, es cuestión de decidir retarnos a nosotros mismos e ir fuera de nuestra zona de confort.


Angela dejó todo; pareja, casa y trabajo, para caminar por el mundo

Angela piensa que todos podemos desarrollar la habilidad de elegir, si contamos con las herramientas adecuadas.

IC.- Antes de comenzar tu aventura de caminar por el mundo, tenías una pareja, una casa y un trabajo, ¿cómo lidiaste para soltar todo y comenzar una nueva vida tan extrema?

A.M.- Sí, tenía a mi pareja con la que vivía, mi propio negocio de coaching, mi casa, ¡hasta mi cervecería! pero me di nueve meses para dejar todo en orden antes de partir, así decidí vender todo lo que tenía y sabía que viviría con tan solo unos dólares al día, dormiría en mi tienda de campaña y saldría de mis cuatro paredes con la certeza de que podría recorrer el  mundo con mis propios pies como vehículo, fue difícil dejar a quien era y todo lo que había construido, pero también sabía que si no seguía adelante con mi viaje interior, me arrepentiría.

I.C.- Después de haber estado viajando a pie por casi seis años y medio, hay más de un recuerdo que guardas para ti, ¿cuál es?

A.M.- Los recuerdos que me acompañan son simplemente aquellos que involucran a todas esas personas que he ido conociendo en el camino, y constantemente me cuestiono si hubiera sido posible caminar por el mundo sin ayuda y la respuesta es no, al final, los extraños se vuelven amigos. La curiosidad nos acerca y esto me ha sucedido en todos los países es los que he estado, todos somos iguales; todos queremos amor, ser amados, ser felices, exitosos… solo que con diferentes ropas, idiomas y ubicaciones. Es gracioso, no hablo otro idioma más que inglés, pero a donde quiera que voy me gusta aprender a decir “hola” y “gracias” en el idioma local.

I.C.- Es una lamentable realidad que las mujeres en todo el mundo exigimos seguridad, y que viajar solas no es tarea sencilla, ¿cuál es tu mejor consejo para lograrlo?

A.M.- Cierto, pienso que no hay momento en nuestra historia donde las mujeres hayan podido estar seguras, sin embargo, aún en los lugares más inhóspitos como Mongolia o zonas alejadas de Australia por ejemplo, nunca se está en soledad total, siempre hay alguien por ahí, y debo decir algo, me gusta dar el beneficio de la duda, pienso que hay mucha gente buena en el mundo, pero hay que recordar mantener un ojo siempre abierto y un oído escuchando para tratar de tomar las mejores y más inteligentes decisiones como “dónde acamparé hoy” y mantenerme a salvo. Tengo una regla donde sé que no voy a leer en las noches, ya que al mantener una luz encendida en medio de la nada, estoy dando un claro aviso de donde estoy, que estoy sola y si alguien quisiera encontrarme o verme por curiosidad, lo podría hacer fácilmente.

A veces el cansancio y las ampollas en los pies la dejaron exhausta, pero nunca se rindió.

Mongolia fue un duro maestro que cambió la vida de Angela, pero no la detuvo

I.C.- Al mencionar tu regla de seguridad sobre mantenerse a salvo con la luz apagada sin dar mayor aviso de ubicación, mencionaste Mongolia y sé que ese país fue un parteaguas para ti porque sufriste una experiencia dolorosa, ¿quieres hablar de ello?

A.M.- Así es, y antes de entrar en materia, me gustaría decir que resulta extraño pero cierto, que cuando te topas con extraños y la adversidad es el punto de unión, se convierten en amigos para siempre y que cuando viajas contigo, hay que confiar en los demás pero no caer en la ingenuidad, hay que aprender a escuchar nuestra intuición y siempre hacernos caso. Lo que me sucedió en Mongolia es la realidad que viven en mayor o menor medida, millones de mujeres y niñas en el mundo; el abuso sexual y de todo tipo es una realidad, y después de ser atacada en mi tienda de campaña lo viví en carne propia y descubrí lo que significa la resiliencia, para superarlo me enfrasqué en lecturas de muchísimos testimonios de mujeres que sufrieron una situación similar o aún peor, y así conseguí el valor para no tirar la toalla y seguir caminando.

Mientras viajas, hay que confiar en la gente, pero jamás caer en la ingenuidad.

I.C.- ¿Cómo dar esos primeros pasos hacia la resiliencia y continuar la vida?

A.M.- Poniendo en práctica las habilidades que vamos obteniendo a través de las experiencias, creando nuestras propias herramientas, buscando apoyo, saliendo poco a poco de nuestra zona de confort, por ejemplo, comencemos por expresar lo que realmente sentimos cuando existe el riesgo de que seamos rechazados o aceptados. Alza tu propia voz, habla desde ti, hazte escuchar, eso es coraje, no hay metas pequeñas, ya que estas harán todo un recorrido.

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Angela Maxwell: la cervecera que recorrió el mundo a pie (Parte 2) – Identidad Cervecera

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